Thursday, 14 May 2009

Brevemente

Como toda historia, esta también tiene un principio... Comenzó hace un largo tiempo, quizás más tiempo del que pueda hacer memoria. Empezó con muñecas, con barbies, con trazos en papel, con mis chistes de adolescente embarazada... El deseo de ser madre siempre ha estado dentro.
Cuando me casé, no tenía apuros por buscar descendencia. Quería hacer las cosas bien y ponerlo todo en su sitio, disfrutar con mi esposo, y sacarle provecho a nuestros primeros años juntos. Sin embargo, mi reloj biológico sonaba cada vez más fuerte y de pronto ya no pude oir nada más...
Cuando emprendimos el viaje, nos dimos cuenta de que no estabamos frente a una tarea fácil. De alguna forma ya yo sabía que se me presentarían dificultades en el camino, probablemente porque desde hace mucho soy consciente de mis ovarios poliquísticos y de las dificultades que la condición trae.
Los meses se hicieron años y la frustración cada vez más grande. Nadie que no haya vivido una experiencia similar sabe de la amargura en el llanto de una mujer que se da cuenta de que el mundo a su alrededor está preñado, de la esperanza que se desvanece cuando, después de haber intentado tratamiento tras tratamiento, el cuerpo se rehusa a cooperar...
Finalmente, se abrió una ventanita cuando me anunciaron que habíia un sitio para mi en la lista de espera para la FIV... Hasta que...